Ricardo Bussi dice que no tiene interés en encabezar un frente opositor. Asegura que podría declinar sus “aspiraciones personales” y que su mayor anhelo sería conseguir la unidad de los sectores enfrentados al peronismo tucumano. Pero, al mismo tiempo, establece condiciones, cuestiona a quienes ya se anotaron para competir y vuelve a ocupar el centro de una conversación que conoce desde hace casi tres décadas: quién será el candidato a gobernador.
No existe, hasta el momento, un lanzamiento formal de Bussi para las elecciones provinciales del 9 de mayo de 2027. Sus declaraciones no permiten presentarlo todavía como candidato confirmado. Sin embargo, tampoco clausuran esa posibilidad.
La referencia a sus propias aspiraciones, el pedido para que Mariano Campero retire su postulación y la impugnación política que planteó contra Lisandro Catalán lo colocan nuevamente dentro del tablero. Bussi sostiene que ninguno debería llegar a una mesa opositora proclamándose “el número uno”. Pero esa discusión lo encuentra con una diferencia difícil de ignorar: él ya encabezó siete fórmulas para gobernador.
Lo hizo en todas las elecciones provinciales celebradas entre 1999 y 2023.
Siete elecciones detrás del mismo cargo
La primera candidatura de Ricardo Bussi a gobernador ocurrió el 6 de junio de 1999. No fue una postulación más. Su padre, Antonio Domingo Bussi, gobernaba Tucumán desde 1995 y no podía aspirar a la reelección por las restricciones constitucionales vigentes. El hijo fue presentado por Fuerza Republicana como la continuidad directa del gobierno familiar.
Fue, además, la única vez que Ricardo Bussi estuvo verdaderamente cerca de llegar a la Casa de Gobierno.
Obtuvo 220.695 votos, el 35,77%, y perdió ante el justicialista Julio Miranda, que reunió 224.900 sufragios, el 36,45%. La diferencia definitiva fue de apenas 4.205 votos.
La noche electoral había comenzado de otra manera. Las encuestas de boca de urna ubicaban a Bussi como ganador y algunos de sus adversarios habían reconocido inicialmente su triunfo. Con el avance del escrutinio, la tendencia cambió y Miranda terminó imponiéndose.
Aquel resultado marcó el punto más alto de toda su carrera hacia la Gobernación. Nunca volvió a acercarse de la misma manera.
Cuatro años más tarde, en 2003, Bussi intentó nuevamente llegar al Ejecutivo provincial. Esta vez quedó tercero, detrás de José Alperovich y Esteban Jerez. Consiguió 122.363 votos, equivalentes al 20% de los votos positivos. Alperovich ganó con 271.579 sufragios y comenzó un ciclo de doce años consecutivos al frente de la provincia.
En 2007, Bussi volvió a encabezar la fórmula de Fuerza Republicana. La distancia con el oficialismo fue mucho mayor: obtuvo 35.795 votos, mientras que la fórmula José Alperovich-Juan Manzur consiguió 529.449. El candidato de Fuerza Republicana quedó segundo, pero con poco más del 5% de los sufragios.
Cuatro años después, en 2011, se presentó por cuarta vez. Terminó tercero, con 26.191 votos. Alperovich obtuvo 589.115 y José Cano, candidato del Acuerdo Cívico y Social, reunió 122.409. Bussi quedó entonces por debajo del 4%.
En 2015 insistió por quinta vez. Logró 29.904 votos y volvió a quedar tercero, muy lejos de la disputa principal entre Juan Manzur y José Cano. Mientras Fuerza Republicana quedó reducida a una expresión minoritaria, el enfrentamiento entre el oficialismo y el Acuerdo para el Bicentenario concentró casi toda la elección.
La recuperación llegó en 2019.
En su sexta candidatura, Bussi obtuvo 136.313 votos, el 13,78%, y quedó tercero detrás de Juan Manzur y Silvia Elías de Pérez, pero por encima del exgobernador José Alperovich. Fuerza Republicana multiplicó ampliamente el resultado de 2015 y logró fortalecer su representación legislativa.
Ese repunte, sin embargo, no se sostuvo en la siguiente elección provincial.
En 2023, aliado políticamente con Javier Milei, Bussi encabezó por séptima vez una fórmula para gobernador, acompañado por Gerardo Huesen. Consiguió 44.061 votos, el 4,17%, y quedó tercero detrás de Osvaldo Jaldo y Roberto Sánchez.
En total, las siete postulaciones de Ricardo Bussi a gobernador reunieron aproximadamente 615.322 votos. La cifra es la suma de elecciones celebradas durante 24 años, con padrones, niveles de participación y contextos políticos distintos, por lo que no debe interpretarse como un capital electoral actual. Sí permite dimensionar la persistencia de una candidatura que atravesó distintas etapas de la política tucumana.
De heredero del poder a candidato permanente
Bussi no comenzó su carrera como un dirigente opositor que intentaba conquistar un gobierno ajeno. Su primera candidatura fue construida desde el poder.
Antonio Bussi había gobernado Tucumán durante la última dictadura y regresó a la Casa de Gobierno mediante elecciones en 1995. Ricardo Bussi se desempeñó como secretario privado de su padre y, en 1997, obtuvo una banca como diputado nacional. Dos años después fue el candidato elegido para intentar conservar la Gobernación dentro de Fuerza Republicana.
La derrota de 1999 modificó el lugar del partido. Fuerza Republicana pasó de controlar el Ejecutivo a convertirse en una fuerza opositora encabezada por el hijo de su fundador.
Desde entonces, Bussi combinó sus candidaturas a gobernador con postulaciones y cargos legislativos. Fue diputado nacional, senador nacional, legislador provincial y concejal de San Miguel de Tucumán. En 2007 renunció a una banca en el Senado, cuyo mandato vencía en 2009, para asumir como legislador provincial.
Su permanencia no dependió únicamente de los resultados obtenidos para gobernador. En varias elecciones, las listas encabezadas por Bussi también le permitieron conservar una posición institucional o garantizar representación para Fuerza Republicana.
Ese mecanismo ayuda a explicar una aparente contradicción: Bussi perdió todas las elecciones para gobernador, pero nunca quedó definitivamente afuera de la política tucumana.
Incluso cuando su candidatura al Ejecutivo obtenía porcentajes reducidos, el sistema electoral provincial y las listas legislativas paralelas le permitían mantener presencia territorial, partidaria y parlamentaria.
Una carrera con un solo momento verdaderamente competitivo
El análisis de los resultados muestra que las siete candidaturas no tuvieron el mismo peso.
En 1999, Bussi perdió por menos de un punto porcentual y 4.205 votos. Fue una elección competitiva y estuvo cerca de suceder a su padre.
En 2003 conservó un caudal importante, pero quedó a más de 149.000 votos de José Alperovich. Desde 2007, sus postulaciones dejaron de disputar seriamente la Gobernación.
En 2007 obtuvo 35.795 votos; en 2011, 26.191; y en 2015, 29.904. Durante esos doce años, su desempeño se mantuvo en niveles minoritarios.
La excepción fue 2019, cuando alcanzó 136.313 votos y el 13,78%. Ese resultado consolidó a Fuerza Republicana como tercera fuerza, aunque Bussi quedó a más de 376.000 sufragios del gobernador Manzur.
En 2023 volvió a caer hasta los 44.061 votos. La alianza provincial con el espacio de Milei no produjo el resultado esperado en la elección a gobernador. Meses después, la boleta presidencial libertaria sí obtuvo en Tucumán un respaldo mucho mayor en las elecciones nacionales, lo que mostró que el voto a Milei no se trasladó automáticamente a la candidatura provincial de Bussi.
La trayectoria permite establecer una conclusión verificable: desde 1999, Bussi fue siempre candidato, pero solo en su primera elección estuvo cerca de gobernar.
La unidad opositora como explicación y como argumento
De cara a 2027, Bussi vuelve a colocar la falta de unidad opositora como una de las principales razones de las derrotas frente al peronismo.
No es un planteo nuevo.
El titular de Fuerza Republicana afirma que lleva unos 20 años intentando construir una oposición común y recuerda conversaciones o acercamientos en procesos protagonizados por José Cano, Silvia Elías de Pérez, Mariano Campero y Roberto Sánchez.
El razonamiento tiene una base electoral: durante varias elecciones, el voto contrario al oficialismo se dividió entre diferentes fórmulas. Pero esa explicación no alcanza por sí sola para demostrar que una candidatura unificada encabezada por Fuerza Republicana habría ganado.
En 2007 y 2011, por ejemplo, el oficialismo encabezado por Alperovich consiguió mayorías abrumadoras. En 2015, la competencia real estuvo concentrada entre Manzur y Cano, mientras Bussi quedó lejos. En 2023, Jaldo obtuvo 612.862 votos y Roberto Sánchez 371.034; Bussi reunió 44.061.
La fragmentación pudo ampliar las diferencias en algunos procesos, pero los números no permiten atribuir todas las derrotas de Bussi exclusivamente a la falta de unidad.
Además, su reclamo actual contiene una tensión política.
Bussi sostiene que nadie debe presentarse a una negociación proclamándose candidato. Sin embargo, él es el dirigente opositor tucumano que más veces encabezó una fórmula para gobernador durante el actual período democrático.
Le reclama a Campero que decline su candidatura antes de sentarse a dialogar y cuestiona las condiciones constitucionales de Catalán. Al mismo tiempo, dice que sería el primero en renunciar a sus aspiraciones si se alcanzara un acuerdo.
La incógnita no es solamente si Bussi desea volver a ser candidato. También importa bajo qué condiciones aceptaría no serlo y quién controlaría el partido, las listas legislativas y la estructura territorial de una eventual coalición.
El deterioro electoral más reciente
La elección nacional de 2025 dejó otro dato que deberá pesar en cualquier negociación opositora.
Bussi encabezó la lista de Fuerza Republicana para diputados nacionales y obtuvo alrededor de 22.490 votos, equivalentes al 2,17%, sin conseguir una banca. Fue una caída pronunciada respecto del respaldo que el espacio libertario había obtenido en Tucumán durante las elecciones nacionales de 2023.
Ese resultado mostró las consecuencias de la ruptura o el distanciamiento entre Fuerza Republicana y la estructura oficial de La Libertad Avanza. También debilitó la posibilidad de que Bussi pudiera presentarse, sin discusión interna, como el dirigente que naturalmente debe encabezar a toda la oposición provincial.
Su principal activo sigue siendo la continuidad de Fuerza Republicana, un partido con historia, dirigentes, listas y presencia en distintos puntos de Tucumán. Su principal debilidad son los resultados: nunca ganó la Gobernación y sus últimas dos elecciones —la provincial de 2023 y la nacional de 2025— estuvieron muy lejos de convertirlo en una alternativa mayoritaria.
¿Otra vez candidato?
La respuesta rigurosa, por ahora, es que no está confirmado.
Bussi no anunció formalmente una octava candidatura a gobernador. Por el contrario, declaró que podría resignar sus pretensiones personales para facilitar la unidad opositora.
Pero tampoco se retiró de la competencia.
Habla como jefe partidario, condiciona a los otros aspirantes, discute quién puede y quién no puede ser candidato, reivindica la estructura territorial de Fuerza Republicana y se reserva un lugar en la mesa que debería definir el futuro liderazgo opositor.
Después de siete postulaciones, su eventual participación en 2027 no sería una novedad, sino la continuidad de una carrera iniciada en 1999.
Si compitiera nuevamente, Bussi llegaría a su octavo intento por gobernar Tucumán en un período de 28 años. Habría enfrentado sucesivamente al mirandismo, al alperovichismo, al manzurismo y al jaldismo, sin conseguir acceder al Ejecutivo.
La pregunta política ya no es solamente por qué vuelve a intentarlo. Es qué función cumple cada candidatura.
Para Fuerza Republicana, presentarlo permitió durante años ordenar el partido alrededor de un apellido conocido, conservar representación institucional y evitar una sucesión interna que pudiera fragmentar al espacio.
Para Bussi, cada elección mantuvo vigente su centralidad, aun cuando los votos no fueran suficientes para disputar el gobierno.
Y para la oposición tucumana, su permanencia representa un dilema que lleva más de dos décadas sin resolverse: Bussi posee una estructura propia que ningún armado opositor puede ignorar, pero carga también con siete derrotas consecutivas en la competencia por la Gobernación.
Ahora asegura que está dispuesto a dar un paso al costado. Será la construcción electoral de 2027 —y no las declaraciones previas— la que permita comprobar si realmente está dispuesto a dejar de ser candidato o si la unidad opositora será, una vez más, el escenario para impulsar su nombre.
1999: 220.695 votos; perdió frente a Julio Miranda por 4.205.
2003: 122.363 votos; quedó tercero.
2007: 35.795 votos; quedó segundo, muy lejos de Alperovich.
2011: 26.191 votos; quedó tercero.
2015: 29.904 votos; quedó tercero.
2019: 136.313 votos; quedó tercero y logró su recuperación más importante.
2023: 44.061 votos; quedó tercero.
Total acumulado: aproximadamente 615.322 votos en siete candidaturas.





