La tensión diplomática entre la Argentina y Brasil sumó este martes un nuevo capítulo. El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, respondió con una frase cargada de ironía cuando fue consultado por las declaraciones de Javier Milei, quien en los últimos días acusó al gobierno brasileño de financiar una campaña contra su administración.
“¿Quién es ese tipo?”, respondió Lula ante periodistas, en una expresión que fue interpretada como un desaire hacia el mandatario argentino y que volvió a encender el conflicto entre los dos principales socios del Mercosur.
La disputa se había intensificado luego de que Milei, durante su participación en la Exposición Rural de Palermo, asegurara que desde Brasil se impulsó una campaña "antiargentina". Sus declaraciones motivaron una reacción diplomática inmediata por parte del gobierno brasileño.
En ese contexto, el embajador argentino en Brasil, Daniel Raimondi, mantuvo una reunión en Brasilia con el canciller Mauro Vieira. El encuentro, que se extendió por unos 40 minutos, fue el primer contacto formal entre ambos gobiernos desde el inicio de la controversia.
Aunque la conversación permitió intercambiar posiciones, no hubo anuncios ni acuerdos concretos. Las autoridades brasileñas señalaron que el diálogo continuará una vez que Vieira regrese de su viaje oficial a Perú.
Lejos de descomprimir el escenario, horas después el ministro de Hacienda de Brasil, Dario Durigan, endureció el tono y calificó de "payaso" a Milei durante una entrevista radial. Además, cuestionó la situación económica argentina al señalar que el país mantiene un riesgo país, una deuda pública y una inflación superiores a los de Brasil.
El conflicto comenzó a escalar el fin de semana, cuando Milei viajó a San Pablo para participar de un acto político junto a Flávio Bolsonaro. Desde entonces, las declaraciones cruzadas entre funcionarios de ambos gobiernos dominaron la agenda política en los dos países.
Mientras Brasil mantiene abiertos los canales diplomáticos, la relación bilateral atraviesa uno de sus momentos de mayor tensión en los últimos años, con un intercambio de acusaciones que, por ahora, no muestra señales de una pronta distensión.





